SEMANA SANTA
LA SEMANA DEL CORDERO
Por Frank Morera - Defensa de la Fe
LA PRUEBA: El tiempo de la prueba de Jesús fue la misma cantidad de tiempo, como en la fecha exacta en que los corderos pascuales eran originalmente seleccionados y examinados para estar seguros de su perfección, mientras permanecían atados fuera de cada hogar esperando para ser sacrificado.
"El siguiente día" mencionado en Juan 12:12, fue el de la entrada triunfal del Señor. Cuando llegó montado sobre un asno en Jerusalén, le estaba dando oportunidad a la nación de Israel para que le recibiera como su Mesías, el Cordero de sacrificio ungido por Dios.
Esta oferta del Creador a los judíos, fue profetizada en el año 487 antes de Cristo: "Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna" (Zac. 9:9).
Mientras cabalgaba a través de las calles ese día, parecía que sería recibido como Mesías, ya que las multitudes agitaban ramas de palmas y clamaban: "¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!" (Jn. 12:13).
¡Cuán maravilloso! El agitar las palmas junto con esas palabras de alabanza de los Salmos era parte de la liturgia judía para dar la bienvenida al esperado Mesías y a su reino. Pero... ¿Le reconocieron como el Hijo de Dios, su Mesías? Desafortunadamente, esa misma multitud que le adoraba, pocos días después gritaba: "¡Crucifícale, crucifícale!" (Lc. 23:21).
También este día "triunfal" fue el comienzo de un intenso período de prueba para los devotos fanáticos, tal como está relatado en los cuatro evangelios: "Entonces se fueron los fariseos y consultaron cómo sorprenderle en alguna palabra"(Mt. 22:15).
Después de ser ungido para su sepultura, el escrutinio de sus antagonistas duró cuatro días. Finalmente, los acusadores se rindieron tratando de encontrar faltas en Jesús, pero no pudo ser hallado nada malo en su contra. Ellos decidieron crucificarlo con ayuda de testigos falsos, quienes incluso no pudieron ponerse de acuerdo en sus mentiras contra Él, y Pilato finalmente pronunció estas palabras: "Yo no hallo en él ningún delito" (Jn. 18:38).
LA SANGRE PROVEÍA VIDA: Jesús vino para morir. Así como la sangre del cordero pascual fue rociada sobre el dintel y los postes de las puertas salvando las vidas de los primogénitos en cada casa, de la misma forma Su sangre derramada provee vida a todos los que creen en Él y se amparan en su sacrificio.
El propósito de Dios para la sangre en los sacrificios está explicado así en Levítico 17:11: "Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona".
Jesús aplicó esto a sí mismo durante la última cena cuando hablaba con sus discípulos: "Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados" (Mt. 26:27, 28).
Finalmente, para dejarnos bien claro el significado de la sangre, la Palabra de Dios dice: "¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?" (He. 9:14).
NI UN HUESO ROTO: Recordemos que cuando los judíos estaban en Egipto, Dios les dijo expresamente que no debían quebrantar ni un solo hueso del cordero Pascual.
Por otra parte cuando los romanos crucificaban a alguien, era costumbre que los soldados les rompieran las piernas a fin de acelerar la muerte. Sin embargo, la Biblia específicamente nos dice que los soldados "no le quebraron las piernas" a Jesús: "Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo (pues aquel día de reposo era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí.
Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas" (Jn. 19:31-33).
MUCHOS CORDEROS REPRESENTABAN UNA PERSONA: Basados en el número de judíos que salieron de Egipto, los que según Éxodo 12:37 eran "como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños" y en lo que necesitaba cada familia para el sacrificio, la celebración de la primera Pascua probablemente requirió más de 100.000 corderos.
Considerando el inmenso número de corderos sacrificados, tome nota de la forma tan peculiar cómo Dios se refirió a ellos en el libro de Éxodo. Dios instruyó a Moisés con estas palabras: "Y lo inmolará [le dará muerte] toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes" (Ex. 12:6). Note que no habló en plural, sino en singular para enfatizar que esos corderos eran la semblanza del legítimo Cordero de Dios: nuestro Señor Jesucristo.
El diseño maravilloso del Creador se halla revelado en esta Escritura, ya que a pesar de que había miles de corderos para el sacrificio, la Palabra de Dios se refiere al sacrificio como algo en singular, ya que dice "lo inmolará". Esto una vez más es una semblanza profética de Jesús, "El Cordero de Dios, que fue inmolado como expiación por nuestros pecados”.
CRUCIFICADO EL DÍA DE PASCUA: Estas comparaciones no sólo revelan que el cordero Pascual era un cuadro profético del Señor Jesucristo, sino que también nos muestran otro paralelo asombroso. ¡Él fue crucificado el día exacto de la Pascua! Mientras los judíos estaban sacrificando los corderos en preparación para la celebración de la Pascua, el Señor estaba siendo crucificado.
Mateo 26:2 declara: "Sabéis que dentro de dos días se celebra la pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado".
Y Juan 13:1 nos dice, que "Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre".
A esto se hace alusión clara en Juan 19:14, 15: "Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro Rey! Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César".
FUE COLGADO SOBRE LA CRUZ COMO LOS CORDEROS DEL SACRIFICIO Y MURIÓ EN EL MOMENTO EXACTO EN QUE SE COMENZARON A SACRIFICAR LOS CORDEROS: Por las instrucciones en Éxodo de inmolar el cordero "entre las dos tardes", nos enteramos del tiempo en que los corderos originales eran sacrificados. Esta expresión "entre las dos tardes" se refiere al tiempo comprendido entre las tres hasta la seis de la tarde. También hay otra información que confirma este tiempo para el sacrificio de los corderos pascuales.
La Enciclopedia Judaica declara: «Se convirtió en una costumbre general dejar de hacer cualquier labor desde las doce del mediodía en adelante, para que así el tiempo del sacrificio de Pascua pudiera ser realizado apropiadamente».
Registros antiguos también nos dejan saber, que cada año durante la Pascua, los sacerdotes se aseguraban «que las ofrendas encendidas diarias fueran hechas temprano, media hora después de la séptima hora (es decir a la 1:30 p.m.), para acomodar las ofrendas pascuales». Según La Enciclopedia Judaica, la última muerte a la 1:30 de la tarde permitía que la ofrenda del sacrificio diario se completara a las 2:30 de la tarde.
Incluso hasta escritores en el judaísmo ven estos eventos como una superposición. Ellos escriben: «El Evangelio de Juan fecha la muerte de Jesús para el 14 de Nisán, a la hora del sacrificio del cordero Pascual».
Según los registros de Josefo, el historiador judío, los sumos sacerdotes oficiaban sobre los corderos Pascuales del sacrificio, desde las tres hasta las cinco de la tarde. ¡Cuando examinamos más de cerca los eventos del día de la crucifixión, emerge una asombrosa posibilidad!
Mateo, Marcos y Lucas, todos se refieren a una tiniebla que descendió sobre la tierra desde las doce del día hasta las tres de la tarde. Como hace 2.000 años todavía no se conocía la luz eléctrica, ¡es muy probable que a los corderos se les hubiera empezado a dar muerte cuando el mismo Creador “encendió las luces”, a las tres de la tarde!
Dios nos deja saber que la hora exacta de la muerte de Jesús fue a las tres de la tarde. ¡Tal parece que no sólo fue crucificado el día de Pascua, sino que de hecho murió por nosotros sobre la cruz en el momento exacto en que se comenzaron a sacrificar los corderos pascuales!
¿No le parece sobrecogedor descubrir, cómo la turba aparentemente sin control que crucificó a Jesús, estaba en realidad en las manos y en el tiempo perfecto determinado por Dios?
