Las arras de matrimonio: un sacramental que muchos han olvidado💍
En muchas bodas católicas hay un momento que parece un simple protocolo: la entrega de las arras. Sin embargo, la Iglesia las conserva porque expresan una verdad profundamente evangélica: los bienes del matrimonio no se poseen, se administran juntos delante de Dios.
No son un amuleto ni traen riqueza
Las arras no son un objeto de buena suerte ni garantizan prosperidad económica. Son un signo litúrgico —un sacramental dentro del rito del matrimonio— que recuerda el compromiso de compartir responsablemente todo lo que Dios conceda al nuevo hogar.
Durante la celebración, el sacerdote las bendice diciendo:
“Bendice, Señor, estas arras… y derrama sobre ellos la abundancia de tus bienes.”
Y los esposos se las entregan mutuamente diciendo:
“Recibe estas arras como prenda de la bendición de Dios y signo de los bienes que vamos a compartir.”
Fíjate: no hablan de riqueza, hablan de bendición y de compartir.
¿Por qué son 13 monedas?
La tradición hispana conserva trece arras:
* 12 monedas representan los meses del año y la fidelidad de los esposos para sostener el hogar en toda circunstancia.
* 1 moneda recuerda que siempre debe haber lugar para los pobres y para la caridad cristiana.
Es un hermoso recordatorio de que un matrimonio santo no acumula solamente bienes: aprende también a dar.
Fundamento bíblico
Las arras reflejan el espíritu de la primera comunidad cristiana:
“Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común.” (Hechos 2,44)
Y también la enseñanza de San Pablo:
“Lleven los unos las cargas de los otros.” (Gálatas 6,2)
El matrimonio cristiano convierte el “lo mío” en “lo nuestro”, no por obligación, sino por amor.
Lo que enseña el Catecismo
El Catecismo recuerda que el matrimonio es una alianza para toda la vida, ordenada al bien de los esposos y santificada por Cristo. Los signos litúrgicos ayudan a expresar y fortalecer esa gracia sacramental. (CIC 1601; 1621–1624)
Hay parejas que conservan las arras guardadas en un cajón durante décadas.
Pero su verdadero valor no está en el metal.
Las arras son un recordatorio de que cada sueldo, cada comida, cada sacrificio y cada bendición pertenecen primero a Dios y después al hogar que Él les confió.
“Un matrimonio no se sostiene por la abundancia del dinero, sino por la abundancia de la gracia y la generosidad compartida.”
